Uma

Si visitas Lisboa no puedes irte sin comer en restaurante UMA. Buscábamos un lugar para cenar nuestra primera noche y varias referencias nos trajeron hasta aquí. Un restaurante sin entrada, con una puerta que forma parte de la fachada y que casi pasa desapercibido a no ser por la cola que, sí o sí, te vas a encontrar cuando llegues. De hecho, nosotros casi nos quedamos sin comer, pues tras más de una hora en la cola (bajo la lluvia), el dueño sale a la puerta y decide cerrar en nuestra cara, apagando la luz, sin mediar palabra y metiendo dentro a la pareja que estaba justo delante de nosotros. Nos salvamos de chiripa, por ser sólo dos y poder ocupar una de las mesitas que había pegadas a la barra.

Si os decimos que en total no habrá capacidad para más de 25 personas, no exageramos, y además le acabas cogiendo cariño al de al lado por la proximidad de las mesas.

Tres personas mayores regentan este restaurante, catalogado como marisquería. Un matrimonio y quizás el padre de él, que se mueve a paso de tortuga entre las mesas y te pregunta hasta tres veces qué quieres beber pero nunca llega la bebida…

En cada una de estas personas la amabilidad brilla por su ausencia, el servicio es malo, pero a pesar de ello os recomendamos encarecidamente que lo visitéis. La fama ganada a raíz del premio al mejor arroz de marisco es más que merecida. No hemos comido mejor arroz caldoso con marisco en nuestra vida. Ambos coincidimos. El venir a comer aquí es motivo suficiente para visitar la capital de Portugal. Salimos encantados.

Entrar allí es como entrar en el túnel del tiempo y retroceder hasta los años 60, tanto por los azulejos de la pared o la barra, como por los vasos y cazuelas donde sirven el arroz. Quizás esto forme parte del encanto del lugar.

UMA será nuestro motivo para volver a visitar la ciudad. Rua dos Sapateiros 177Lisboa.